encapuchado mundocap
Siempre tuve peos con los encapuchados

Durante mi época de dirigente estudiantil adversé mucho a los encapuchados. La verdad era más bien una cuestión de clases, aunque yo no lo sabía. Estábamos programados desde la escuela y la tv a criticar a los malos de la película. Me era difícil entender, desde mi casa aislada del planeta, por qué los estudiantes le tenían tanta arrechera a los policías, a “la metro”, al simpático de Antonio Ledezma y a una serie de tipos que más bien eran los buenos. Así como el doble stándar de la UCV que sabía quiénes eran, los acusaba y al mismo tiempo les daba comida.

O corres o te encaramas

Esa diversidad de la UCV me marcó, luego me hice pana de los tipos, milité en una medio izquierda, mientras me retrataba con la derecha. Creo que de lo que más tenemos en el país es esa bipolaridad ideológica que todos en algún momento tenemos. Estaba rodeado de gente diversa. De todo el país. De tendencias políticas claras, tan heredadas como mi adequísimo nombre y casa. Así como rabias heredadas que ni uno se pensó. La otra cosa que tenemos los venezolanos es esa fórmula indefectible de meter en un saco, de estigmatizar al más pintado en una sola mirada: chusma, tuqui, tierrúo, Scooby Doo pa pa, sifrino, fresa… pues la verdad es que somos de todo un poco. Un profesor de publicidad me raspó a mi por falta de creatividad, en serio, y como todos los semestres repetía lo mismo, el siguiente le envié el mismo trabajo con una amiga bien chevere y le puso un flamante 19 – años después me he tenido que sentar con el tipo un millón de veces. En estos días publico fotos del tipo durmiendo en el trabajo, así sabrán quién es. (disgresión aparte)

violencia y guarimba
el reparto
guarimbas de mentira
una botella sin cerveza

Pues, lo cierto es que, mi primera campaña sería de marketing político se la hice a los encapuchados de los 90’s en la Central. Los llamé cobardes, por ocultar su cara, les inundamos la central con panfletos y un ataque político bien fuerte en las 11 facultades. Campaña que nos patrocinó el vice Rector Giannetto, mi pana, aunque distanciados. Tuvo un éxito insospechado. La universidad se les volteó. Lo cierto es que esa lucha en esa forma no tenía sentido. Creo que nunca la tuvo. Había otros medios. 

A los años, militaba en las mismas filas de los compás que tomaron aquellos caminos de desobediencia, las atrocidades de los metropolitanos con el pueblo, las palizas y los muertos de las luchas por pasaje, por entrar a la universidad. Ni la violencia, ni los detonantes tienen hoy punto de comparación. Aunque la cosa esté oscura.

Las guarimbas retomaron el uso de la capucha, vimos niños ataviados con sus franelas y banderas. En esa época no había real para banderas, ni para máscaras, si aparecia una, seguramente sería execrado el compa por ser de la CIA (así seguimos siendo, no se rían) de donde se iba a conseguir alguien una máscara sin Amazon.com -Me parecieron tan sin sentido aquellos encapuchados como los de hoy. Tenemos fórmulas superiores de lograr objetivos. La salida desesperada de atacar a la ciudad para que con caos se diviertan los morbosos y se beneficien los políticos (todos) (incluyéndonos) es obsoleta, ingenua, tetosterogenizada y progesteroganizada también. Muchos se divirtieron, son los más afortunados.

Ayer, hice un pequeño papel, solté la camara y me paré frente a la lente, hacía tiempo que no lo hacía ¿y de que me tocó? de encapuchado. Me divertí. Soy de los afortunados.

Ojalá no pase más nunca y no que más nunca haya motivos. Uno siempre sigue pensando que va a pasar lo bueno. Eso no se quita.